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Pedro Páramo

Técnicas narrativas y estilísticas

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De entre los aspectos técnicos que aparecen en la novela, ya se han citado, los más destacados: el entrecruce de dos historias diferentes, el desorden cronológico, las elipsis narrativas entre secuencias, la mezcla entre la ficción y la realidad, las descripciones sobrias pero a la vez intensas. Pero quizá sea el monólogo interior la modalidad narrativa más destacada en la obra de Rulfo.

Mediante estos MONÓLOGOS INTERIORES, el lector se introduce en la vida privada de los personajes. El autor reproduce el mundo interior de sus personajes mientras que permanece impasible.

El monólogo es un discurso que carece de una organización lógica y en el cual los personajes expresan, mediante una reducida sintaxis, sus pensamientos en su estado más original y elemental, es decir, tal y como salen de la mente.

La crítica, al analizar la novela de Rulfo, diferencia entre el MONÓLOGO TRADICIONAL, en el cual se muestran los pensamientos del personaje, pero sin una participación intensa de su mundo interior, y el MONÓLOGO INTERIOR EN SENTIDO ESTRICTO, donde se presentan los pensamientos más íntimos y más cercanos al subconsciente.

En el primero de los casos, podemos citar los monólogos de personajes secundarios como el padre Rentería o Fulgor Sedano. En cuanto a los monólogos entendidos en sentido estricto, destacan los de Susana San Juan, aunque también los de Pedro Páramo.

Pero es, sin duda, la alternancia entre estos monólogos y los diálogos lo que contribuye a clasificar a Pedro Páramo como una de las novelas más trabajadas y a la vez fragmentadas de la literatura hispanoamericana.

Aunque es difícil englobar a todos los diálogos que aparecen en Pedro Páramo bajo un mismo perfil, pues son muy abundantes y diferentes entre sí, es importante señalar que domina el diálogo conciso, sobrio e intenso a la vez.

La calidad de estos diálogos introduce el siguiente punto:

El estilo literario de Rulfo.

En primer lugar, es importante apreciar cómo el lenguaje del autor está influido directamente por una serie de características que acompañaron a Rulfo en su producción: la condensación, la supresión, así como un proceso constante de depuración, desembocaron en una elaboración sumamente escrupulosa.

Por otra parte, a la hora de tratar el lenguaje de Pedro Páramo, es necesario hacer referencia a la perfecta convivencia entre las raíces más populares y la cima estética.

El lenguaje es una de las facetas que Rulfo ha cuidado al máximo; partiendo de que el lenguaje es primordial para crear el mundo ficticio, tuvo en cuenta que, para caracterizar a Comala y a sus habitantes, era necesario acudir al lenguaje del pueblo, y para ello recurrió no sólo a los mexicanismos, sino a vocablos y expresiones populares, a gran cantidad de diminutivos y a un continuo lenguaje pleonástico.

  • Con los mexicanismos presentes en la novela, el autor circunscribe su obra a una zona delimitada: el ambiente mexicano. Tal es el caso de chicoteándose, mitote o encampanarse. Todos ellos son regionalistas y, sin embargo, no es imprescindible un glosario al final de la novela, pues las oraciones son lo suficientemente expresivas por sí mismas: “fue muy fácil encampanarse a la Dolores”.
  • Cabe la posibilidad de que el lector se pregunte el porqué del uso de estos términos tan regionalistas si su significado se deduce fácilmente del contexto. La respuesta es sencilla: Rulfo busca con ellos dar verosimilitud a su obra, ya que los hechos, por sí solos, resultan bastante ficticios.
  • También es notable la presencia de vocablos populares como apechugó, apalancó o achaparrado, cuya función es la misma que en el caso anterior: infundir sensación de realidad al ambiente narrado.
  • Por otro lado, hay expresiones extraídas directamente de la lengua hablada, como pueden ser ciertos arcaísmos como nomás o determinadas transcripciones ortográficas de conversaciones cotidianas: “pa emborracharme más pronto” o “diyitas”.
  • Otro medio para reforzar la sensación de un ambiente popular son los diminutivos. Es importante destacar que el uso de los sufijos es abundante en todo el Estado mexicano. Además, existe cierta preferencia por el sufijo -ito.
  • Por último, el lenguaje pleonástico no sólo busca acentuar el sabor popular, sino también dotar a la narración de un cierto ritmo, para expresar así cómo el mundo narrado permanece detenido por y en sí mismo: “No se preocupe por mí –le dije– Por mí no se preocupe”.

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