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Pedro Páramo

Personajes de Pedro Páramo

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Una comprensión global de la novela implica la captación plena de las individualidades de cada personaje. Para ello, vamos a centrarnos ahora en el análisis de la psicología de los personajes principales, pues, a pesar de la fugaz aparición de la mayoría de ellos, todos están trazados con gran perspicacia psicológica.

En primer lugar citamos a Pedro Páramo. Pedro Páramo, causante del hundimiento de Comala, pertenece al grupo de figuras tratado tradicionalmente en la novela hispanoamericana: el cacique que explota a los campesinos.

Todos los personajes giran en torno a él para mostrar así en qué medida ejerce la violencia sobre Comala; una violencia propia únicamente de su mundo exterior, pues interiormente se encuentra dominado por el amor hacia Susana San Juan. Pedro Páramo es incapaz de unificar su vida exterior con la interior, y es precisamente de ésta dualidad de donde emana su carácter trágico. Tras la muerte de Susana, su vida exterior se verá anulada y el sentimiento amoroso primará sobre él.

Su obsesión por Susana permite descubrir que toda su violencia está en realidad orientada a alcanzar el amor de Susana: “Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”. Esto nos indica que su mundo exterior también está regido por el amor.

El hecho de que tanto mundo interior como mundo exterior estén bañados por el sentimiento amoroso nos aleja de una concepción de Pedro Páramo como la historia de un cacique para interpretarla como una novela de amor.

Susana San Juan fue la única ilusión de Pedro Páramo, y no poder conseguir esta ilusión lo convierte en un personaje frustrado.

Paralelamente, la violencia referida en un primer momento se ve acentuada con una serie de personajes, cuya aparición en la novela es escasa, pero cuya psicología está perfectamente dibujada, y cuya función de intensificadores de la violencia es imprescindible citar. Ellos son Fulgor Sedano, a través del cual Pedro Páramo ejerce su poder despótico; el Ticualte, que sirve al cacique para anular la revolución, y Gerardo, reflejo certero de la ingratitud de Pedro Páramo.

A pesar de la brutalidad y frialdad que encierra Pedro Páramo, suavizada en parte por su amor por Susana, el cacique llega a adoptar un cierto sentimiento de culpa a raíz de la muerte de su hijo Miguel. Además, cuando Susana muera, caerá en la más profunda soledad.

Susana San Juan es el ideal, y, sin embargo, es un personaje turbador. Constituye el máximo anhelo en la vida de Pedro Páramo, y su control –aunque inconsciente– sobre los sentimientos del cacique explican que sea el único personaje no dominado por Pedro Páramo, al contrario, es ella la que domina su mundo interior y, consecuentemente, su mundo exterior.

Además, podemos considerar a Susana como un personaje crítico, pues Rulfo expresa a través de ella su crítica hacia el pensamiento tradicional que defiende la religión como única salvación. Esto se explicita cuando Susana, poco antes de morir, rechaza la bendición del padre Rentería. Y es que la religión no es suficiente para salvar a Susana, al igual que tampoco lo es –como argumenta Rulfo– para salvar a Comala.

Así como Pedro Páramo personaliza la muerte, Susana San Juan representa la vida. Pedro Páramo sobrevive a la muerte de su abuelo, de su padre, de su hijo Miguel, y, poco a poco, va endureciéndose. Pedro Páramo y la muerte van íntimamente unidos.

En el lado opuesto, Susana San Juan rehúye la muerte; una muerte que amenaza constantemente con destruirla, pero a la cual ella logra hacerle frente. Tras la muerte de su madre, no llora y el fallecimiento de su padre supone para ella la liberación suprema. En último lugar, y, ya frente a su propia muerte, rechaza la religión como vía de salvación y se refugia en los recuerdos de su amor idílico por Florencio. Además, la muerte de Susana, al adoptar una postura fetal, parece indicar un anhelo de vuelta al origen de la vida.

El otro eje es Juan Preciado. En el extremo opuesto a Pedro Páramo, Juan Preciado encarna al personaje abandonado en busca del padre y del paraíso idealizado por su madre.

Dos únicos personajes, Dolores y Abundio, sirven de unión entre padre e hijo.

Por un lado, Dolores representa la expolición de Comala, la cual la lleva a encargar la venganza a su hijo. Pero no será esta venganza la que mueva a Juan a visitar Comala, sino la ilusión. Y será el fracaso de esta ilusión la que le conduzca a la muerte.

Por otra parte, otro de los hijos del desalmado cacique es Abundio. Este enigmático personaje se deja ver por primera vez en el segundo fragmento, introduciendo a Juan Preciado en Comala, y no volverá a aparecer –con una estudiada simetría– hasta el fragmento penúltimo. Será en este fragmento donde, borracho, asesine a Pedro Páramo, trasladando así a Juan Preciado a un segundo plano y convirtiéndolo en un personaje positivo al quedar claro lo ya referido: Juan no es el vengador de Pedro Páramo.

Además, se puede establecer una oposición entre Dolores y Abundio. Mientras Dolores se limita a despotricar contra su marido, Abundio toma la venganza por su mano.

Damiana Cisneros, Eduviges Dyada y Dorotea la Cuarraca son las tres mujeres que acompañan a Juan Preciado en su viaje al mundo de los muertos y en su reposo, y cuyo papel principal es el de informar a dicho personaje. Esto tiene. El hecho tiene una sencilla explicación: al no estar totalmente sujetos a la violencia del cacique, son los personajes más objetivos.

Por otro lado, estas mujeres establecen con Juan Preciado una curiosa relación de madre e hijo difícilmente visible. Esta relación emana de uno de los mayores temas de obsesión en Juan Rulfo, el tema de la madre.

Para terminar, queda el padre Rentería. Este personaje no está del todo supeditado a Pedro Páramo y representa el mundo espiritual. Al igual que Susana, es un personaje a través del cual se critica la religión y la Iglesia.

Si Pedro Páramo encarnaba la violencia física, el padre Rentería significa la máxima expresión de la violencia espiritual, ya que a pesar de su gran influencia en la religión negará todo tipo de ayuda al pueblo. Esta negación del apoyo espiritual, como método de salvación, refleja la idea que del pecado presentan los habitantes de Comala. El padre Rentería es el único que posee el poder necesario para dotar al pueblo de la ayuda que éste solicita; sin embargo, no lo hará. Al igual que no intercederá por Miguel Páramo y tampoco otorgará la salvación a Dorotea.

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